13 February 2025
5 MINS

Por qué los primeros años son los más importantes para el aprendizaje

Jenny Anderson
Por qué los primeros años son los más importantes para el aprendizaje - Why Early Years are the most important years in learning Por qué los primeros años son los más importantes para el aprendizaje - Why Early Years are the most important years in learning

A Rose Winter, responsable de aprendizaje en la primera infancia y profesora de guardería (niños de 2,5 a 4 años) en la British International School de Bratislava, los padres le preguntan a menudo «¿qué ha aprendido hoy mi hijo?». ¿Su reacción? «¿Por dónde empiezo?»

Cuando los niños llegan por la mañana y dicen adiós a sus cuidadores, están aprendiendo a gestionar sus emociones (regulación emocional).

Cuando van al guardarropa a quitarse los abrigos y ponerse los zapatos de interior, están aprendiendo independencia (me tengo que preparar para empezar el día), responsabilidad (me tengo que poner mi calzado de interior), habilidades motoras finas y gruesas (vestirse, cambiarse los zapatos, llevar sus cosas), y desarrollo físico. 

En la clase, eligen a qué quieren jugar, con lo que desarrollan su capacidad de tomar decisiones, independencia y regulación emocional. Si construyen una torre con bloques, están adquiriendo competencias prenuméricas básicas (equilibrio, peso, formas, cálculo). Si miran un libro, aunque no sepan leer, están mirando imágenes e intentando darles un significado (prealfabetización, alfabetización, regulación emocional).

Mientras tanto, los profesores influyen y dirigen sutilmente gran parte de lo que está a disposición de los niños y les ayudan a dar sentido al «trabajo» que hacen. 

Por qué el juego es realmente importante

A menudo los padres piensan que el aprendizaje más importante en la vida de un niño tiene lugar cuando hay más cosas en juego: en las épocas de exámenes o el acceso a la universidad. Los científicos del desarrollo discrepan totalmente y señalan que es entre los cero y los cinco años cuando se forman las bases del cerebro. No obstante, el modo en que se sientan estas bases no es estando sentados en pequeños pupitres ni habiendo aprendido a leer a los tres años, sino que esto ocurre a través de las relaciones y el juego.

«Liberar el potencial de cada niño depende fundamentalmente de un factor clave: el impacto profundo de las relaciones tempranas», escribe Isabelle C. Hau, directora del Stanford Learning Accelerator y autora del libro de próxima aparición Love to Learn: The Transformative Power of Care and Connection in Early Education (Amor para aprender: El poder transformador del cuidado y la conexión en la educación infantil).

«Cuando los niños se sienten queridos, seguros y valorados; cuando tienen espacio y tiempo para jugar y explorar, y cuentan además con el apoyo de relaciones positivas y enriquecedoras, entonces aprenden», escribe. 

En estos entornos, repletos de libros, rincones para disfrazarse, bloques, arte y opciones, los niños pequeños desarrollan la regulación emocional, la autorregulación y la resiliencia física y emocional.. 

«Sin autorregulación, sin ser capaz de controlar tus emociones y sentimientos, y sin tener la capacidad de comunicarte eficazmente, luego es difícil aprender a aplicarte al aprendizaje más académico», dice Rose Winter. «Si eres capaz de hablar y escuchar, también lo eres de pensar, conversar y escribir sobre tus ideas.»

Lo que parece juego espontáneo y sin orientación externa constituye uno de los aprendizajes más importantes que puede tener un niño. 

La neurociencia del cerebro de los bebés 

«En tanto que seres humanos, todos hemos nacido millonarios», me comentó Hau en la entrevista. Con esto quería decir que todos nacemos con miles de millones de neuronas en el cerebro y algunas conexiones sinápticas tempranas formadas antes del nacimiento. Pero el periodo de crecimiento más rápido de las conexiones sinápticas —lo que Hau denomina los «impulsores del aprendizaje»—tiene lugar durante la gestación y hasta la edad de cinco a siete años.

Una auténtica explosión en el campo de la ciencia y la neurobiología nos ha llevado a comprender cuál es la mejor manera de favorecer este crecimiento cerebral. Se trata de crear entornos afectuosos y enriquecedores en los que los niños puedan jugar, y de estructurar esos entornos de modo que los niños puedan aprender cosas nuevas y emocionantes de forma natural. 

Una característica fundamental del cerebro es su maleabilidad. En los primeros años de vida, el cerebro está marcado por una intensa «plasticidad», moldeada en primer lugar por los sonidos y las caricias que el niño experimenta. Cuando los padres o cuidadores les hablan, les cantan y les muestran afecto, respondiendo a sus ojos, sonidos y llantos, tiene lugar un proceso que la Universidad de Harvard denomina de «atención y respuesta». Ese proceso desencadena la formación de conexiones sinápticas.  Estas acciones forman las rutas neurológicas que determinan el modo en el que los niños sienten y piensan. 

Cuando los niños están preparados para las primeras experiencias de aprendizaje, el amor y la seguridad siguen siendo esenciales. Pero es cada vez más a través de la exploración y el juego como los niños pequeños adquieren independencia y capacidad de decisión. Para ello se necesitan adultos que sepan seguir la iniciativa y los intereses del niño, guiándole en su aprendizaje. 

Existen numerosas pruebas que documentan lo mucho que las relaciones, los cuidados y los entornos enriquecedores ayudan a los niños. Uno de los estudios más famosos es el denominado enfoque abecedario, basado en la investigación sobre el desarrollo infantil. 

Joseph Sparling, que ayudó a crear el programa original y es científico emérito de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, afirma que el programa demostró que podemos utilizar los cinco primeros años de vida —cuando el cerebro es más flexible, adaptable y capaz— de forma mucho más eficaz. Los niños pequeños «están preparados para aprender cosas diferentes y complejas, desde la totalidad de una lengua a cómo resolver problemas», ha señalado. «Y no necesariamente utilizamos ese tiempo tan acertadamente como podríamos.»

La importancia del juego. El consejo de la profesora de educación infantil.

Entonces, si el cerebro de un bebé es maleable, ¿debemos empezar cuanto antes con la alfabetización y el cálculo? De acuerdo con los expertos, esto no es así.

Deirdre Grimshaw, directora del Campus de educación preescolar e infantil de la British International School de Ciudad Ho Chi Minh (Vietnam), afirma que su escuela aplica la pedagogía del juego del «Proyecto Cero» de Harvard, que recibe el nombre de «aprendizaje lúdico», a partir de la etapa clave 1 (5-7 años), basándose en el sólido marco curricular de la Early Years Foundation Stage (EYFS).

El aprendizaje debe verse como un viaje de exploración y liderazgo, no como un proceso rígido, subraya, citando los materiales del programa. «Eso es lo que queremos para todos nuestros alumnos, y les da autonomía, capacitándoles para dirigir su propio aprendizaje, dándoles opciones dentro del plan de estudios, implicándoles en los procesos de toma de decisiones y animándoles a dar forma a sus experiencias de aprendizaje.»  

Los padres desempeñan un papel fundamental en este viaje, dice, y la escuela trabaja estrechamente con las familias de los alumnos más jóvenes en cada paso del camino. El proceso empieza con las reuniones de admisión familiar, en las que un miembro del equipo directivo de la escuela se reúne con la familia y el niño juntos, lo que permite a la escuela ver cómo interactúa cada familia para apoyarles. Aprenden sobre las familias al tiempo que enseñan sobre el desarrollo infantil. 

«Formamos continuamente a los padres junto con los profesores, y compartimos con ellos el «porqué» de lo que hacemos», me explica. «Eso significa implicar a la familia en el viaje con nosotros».

Existe un periodo de adaptación prolongado, en el que el niño aprende a separarse de su cuidador o progenitor, y se acostumbra a sentirse seguro y atendido por los profesores y ayudantes. Se empieza con una hora al día con los padres presentes y luego con ellos fuera de la clase pero en el edificio, aumentando gradualmente el tiempo que el niño pasa separado de su progenitor o cuidador. 

Los profesores y responsables explican detalladamente a los padres cómo se estructura el día. Aunque parece que hay mucho tiempo dedicado al juego libre, este está diseñado meticulosamente mediante el aprendizaje lúdico. Esto también complementa el marco de Early Years poniendo el énfasis en tres áreas básicas de desarrollo:

  • Desarrollo físico: las habilidades motoras finas y gruesas se desarrollan mediante actividades como el LEGO , Play-Doh, o juegos al aire libre, juegos con materiales blandos y clases especializadas como educación física.
  • Desarrollo emocional y social personal: Se trata de ayudar a los niños a gestionar sus emociones, guiándoles en sus interacciones con los demás, como respetar turnos, expresar lo que necesitan y aprender a sentarse en círculo a la hora del cuento.
  • Comunicación y lenguaje: si bien el inglés es el lenguaje de la enseñanza y la comunicación, la importancia de desarrollar el idioma materno además del inglés es algo tremendamente importante. 

También ofrecen talleres y sesiones SPLATS (del inglés «Stay, Play, and Learn Together Sessions», es decir, «sesiones de estar, jugar y aprender juntos») en las que los padres aprenden a fomentar y apoyar el desarrollo de sus hijos.

«Creemos que así se consigue un aprendizaje independiente, curioso y colaborativo», afirma Grimshaw. En la era de la inteligencia artificial generativa, en la que la adaptabilidad y la resiliencia serán fundamentales, la independencia y la autonomía también lo serán.

¿El mejor momento para empezar a desarrollar estas habilidades? Desde el nacimiento.

Lo que los padres deben buscar:

  • Una experiencia de enseñanza y aprendizaje que sea afectuosa, receptiva y estimulante.
  • Una escuela que fomenta la participación de los padres como socios en el proceso de aprendizaje de sus hijos.
  • Una escuela donde los niños aprenden jugando de forma interactiva, personalizada y con un propósito. Es una experiencia de aprendizaje divertida.